Cuando abrí la puerta del apartamento, vi a Mi Comandante sentado en el sofacito desvencijado de la sala, contemplando con mirada perdida una foto del bautizo de mi hija.
Sin hacer mucho ruido, para no llamar su atención, pasé directo a la cocina donde mi hija estudiaba atrincherada detrás de un montón de libros.
- ¿Cómo estás? - le pregunté.
- ¿Cómo crees? - me contestó fastidiada, haciendo muecas hacia Mi Comandante.
- ¿Y eso? - le repliqué, frunciendo mis labios en la misma dirección.
- Nada, que vino el esposo de la conserje a destapar el sumidero del baño y tuve que prenderlo para disimular.
- Ahhh...
En ese momento, Mi Comandante pareció darse cuenta de mi llegada, se levantó en forma enérgica pero tambaleante y avanzó para estrecharme entre sus brazos.
- ¡Bienvenido a tu hogar meesmo, hijo mío! - exclamó, lleno alegría.
- ¡Gracias, Mi Comandante! - respondí medio asfixiado. Nuestro "Mi Comandante V2.3" era un modelo un tanto anticuado y no muy elaborado a nivel mecánico.
- ¡¿Qué has hecho hoy por la revolución, camarada?! - me preguntó mientras me sostenía por lo hombros, mirándome como un padre orgulloso.
- Poca cosa Mi Comandante. Como sabe mi trabajo en el Ministerio de Poder Popular para Desplazamientos Cronológicos Controlados...
- ¡Excelente! - me interrumpió - Cuando yo era chiquito, siempre quise ser un viajero del tiempo. Yo me montaba en un chinchorro y jugaba a que esa era la máquina del tiempo, porque tenía ese vaivén como el péndulo de los relojes y agarraba impulso pa' lante y pa' tras; y así me imaginaba que iba a hasta la época de Bolí... Ese chinchorro que trajo mi padrino del pueblo de Onoto. Lo compró en una pulpería a un baquiano que decía haber visto al mismísimo Mandinga...
Gracias a Dios, mi hija acababa de colarse detrás de Mi Comandante, apagándolo a través del interruptor disimulado en su espalda. Por lo que pude soltarme de su abrazo mecánico y de su mirada de felicidad de recuerdos pseudoaleatorios.
Con mi hija, arrastré a Mi Comandante hasta la esquina de la sala donde prácticamente quedaba escondido detrás de un helecho de plástico. Por supuesto, habría que prenderlo luego para cumplir con las Recomendaciones Mínimas de Interacción Presidencial establecidas para nuestra pequeña familia. Pero en este momento, eso podía esperar.
Y asi vuelves a bloguear?
ResponderEliminarEspero que seas constante