viernes, 22 de octubre de 2010

¡Metro Taisista a la orden!

Bajé por las escaleras de la estación del Metro La Bombilla, sumergiéndome en el espeso humo que brotaba por el acceso a la estación. Viejas máquinas expendedoras de boletos transformadas en ventas de comida flanqueaban a la multitud que avanzaba por los pasillos y escaleras.

A medida que descendía por la estación, el aire se enrarecía más y más, y el acre humo de gasolina y aceite a medio quemar se hacía cada vez más intenso. El techo de la estación, y la parte superior de las paredes, completamente cubiertos por una espesa capa gris daban testimonio de la contaminación imperante.

Una vez en el andén caminé hasta el extremo Este, entre empujones y mentadas de madre, uno más entre la multitud de gente sudorosa y ansiosa por llegar de regreso a sus hogares. Al llegar ahí, uno de los Metro Taxistas me reconoció, arrancó la moto y la lanzó contra la multitud para alcanzarme antes que cualquier otro.

- ¿Vamos pa' la casa mi doctor? - me gritó al llegar a mi lado haciendo un gesto con la cabeza en dirección a la boca del túnel.

- Así es ¡Vamonos! - le respondí mientras me subía al asiento de la moto.

Apenas me monté el Metro Taxista, empezó a vadear la multitud de personas y motos que congestionaba el anden, hasta alcanzar una de las rampas que permitian bajar al tunel. Por donde descendió, incorporándose al tráfico de motos que recorría lo que una vez fuera un moderno sistema subterráneo.


Mientras nos adentrábamos en el túnel del Metro, avanzando entre el rugido de las motos y una marea de humo que amenazaba con noquear a cualquiera que no estuviera acostumbrado a este medio de transporte, sólo me quedó encomendarme a Dios bajo el amparo del filtro de aire que cubría mi boca y nariz.  


Inspirado en el tuit "Quiten ese Metro y conviértanlo en una vía libre para mototaxistas" de @LuisCarlos.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Mi Comandante en nuestra sala

Cuando abrí la puerta del apartamento, vi a Mi Comandante sentado en el sofacito desvencijado de la sala, contemplando con mirada perdida una foto  del bautizo de mi hija.

Sin hacer mucho ruido, para no llamar su atención, pasé directo a la cocina donde mi hija estudiaba atrincherada detrás de un montón de libros.

- ¿Cómo estás? - le pregunté.

- ¿Cómo crees? - me contestó fastidiada, haciendo muecas hacia Mi Comandante.

- ¿Y eso? - le repliqué, frunciendo mis labios en la misma dirección.

- Nada, que vino el esposo de la conserje a destapar el sumidero del baño y tuve que prenderlo para disimular.

- Ahhh...

En ese momento, Mi Comandante pareció darse cuenta de mi llegada, se levantó en forma enérgica pero tambaleante y avanzó para estrecharme entre sus brazos.

- ¡Bienvenido a tu hogar meesmo, hijo mío! - exclamó, lleno alegría.

- ¡Gracias, Mi Comandante! - respondí medio asfixiado.  Nuestro "Mi Comandante V2.3" era un modelo un tanto anticuado y no muy elaborado a nivel mecánico.

- ¡¿Qué has hecho hoy por la revolución, camarada?! - me preguntó mientras me sostenía por lo hombros, mirándome como un padre orgulloso.

- Poca cosa Mi Comandante. Como sabe mi trabajo en el Ministerio de Poder Popular para Desplazamientos Cronológicos Controlados...

- ¡Excelente! - me interrumpió - Cuando yo era chiquito, siempre quise ser un viajero del tiempo. Yo me montaba en un chinchorro y jugaba a que esa era la máquina del tiempo, porque tenía ese vaivén como el péndulo de los relojes y agarraba impulso pa' lante y pa' tras; y así me imaginaba que iba a hasta la época de Bolí... Ese chinchorro que trajo mi padrino del pueblo de Onoto. Lo compró en una pulpería a un baquiano que decía haber visto al mismísimo Mandinga...

Gracias a Dios, mi hija acababa de colarse detrás de Mi Comandante, apagándolo a través del interruptor disimulado en su espalda. Por lo que pude soltarme de su abrazo mecánico y de su mirada de felicidad de recuerdos pseudoaleatorios.

Con mi hija, arrastré a Mi Comandante hasta la esquina de la sala donde prácticamente quedaba escondido detrás de un helecho de plástico. Por supuesto, habría que prenderlo luego para cumplir con las Recomendaciones Mínimas de Interacción Presidencial establecidas para nuestra pequeña familia. Pero en este momento, eso podía esperar.